miércoles, 19 de diciembre de 2007

Murio la Virgen María

Es sabido que la muerte no es condición esencial para la Asunción. Y es sabido, también, que el Dogma de la Asunción no dejó definido si murió realmente la Santísima Virgen. Había para entonces discusión sobre esto entre los Mariólogos y Pío XII prefirió dejar definido lo que realmente era importante: que María subió a los Cielos gloriosa en cuerpo y alma, soslayando el problema de si fue asunta al Cielo después de morir y resucitar, o si fue trasladada en cuerpo y alma al Cielo sin pasar por el trance de la muerte, como todos los demás mortales (inclusive como su propio Hijo).

Juan Pablo II, en una de sus Catequesis sobre el tema, nos recordaba que Pío XII y el Concilio Vaticano II no se pronuncian sobre la cuestión de la muerte de María. Pero aclara que “Pío XII no pretendió negar el hecho de la muerte; solamente no juzgó oportuno afirmar solemnemente, como verdad que todos los creyentes debían admitir, la muerte de la Madre de Dios”. (JP II, 25-junio-97)

Sin embargo, algunos teólogos han sostenido la teoría de la inmortalidad de María, pero Juan Pablo II nos dice al respecto,“existe una tradición común que ve en la muerte de María su introducción en la gloria celeste”. (JP II, 25-junio-97)

Se refiere posiblemente a que, como afirma Antonio Royo Marín o.p., la Asunción gloriosa de María, después de su muerte y resurrección, reúne un apoyo inmensamente mayoritario entre los Mariólogos. (cfr. La Virgen María, A. Royo Marín, 1968).

Los argumentos en favor de la muerte de María los dividiremos: según la Tradición Cristiana (incluyendo el Arte Cristiano), según la Liturgia, según la razón teológica y por la utilidad de la muerte.

1. Según la Tradición Cristiana:

Royo Marín afirma que el testimonio de la Tradición -dice que sobretodo a partir del Siglo II- es abrumador a favor de la muerte de María. Es su afirmación, aunque no da citas al respecto. (cfr. La Virgen María, A. Royo Marín, 1968).

Inclusive la misma Bula Munificentissimus Deus de Pío XII (sobre el Dogma de la Asunción), aunque no propone como dogma la muerte de María, nos presenta este dato interesantísimo sobre la muerte de María en la Tradición de la Iglesia: “Los fieles, siguiendo las enseñanzas y guía de sus pastores ... no encontraron dificultad en admitir que María hubiese muerto como murió su Unigénito. Pero eso no les impidió creer y profesar abiertamente que su sagrado cuerpo no estuvo sujeto a la corrupción del sepulcro y que no fue reducido a putrefacción y cenizas el augusto tabernáculo del Verbo Divino” (Pío XII, Bula Munificentissimus Deus #7, cf. Doc. mar. #801).

El Padre Joaquín Cardoso, s.j. edita en México en el Año de la declaración del Dogma un librito “La Asunción de María Santísima”. Y nos refiere lo siguiete sobre la muerte de María en la Tradición:

“Hasta el Siglo IV no hay documento alguno escrito que hable de la creencia de la Iglesia, explícitamente, acerca de la Asunción de María. Sin embargo, cuando se comienza a escribir sobre ella, todos los autores siempre se refieren a una antigua tradición de los fieles sobre el asunto. Se hablaba ya en el Siglo II de la muerte de María, pero no se designaba con ese nombre de muerte, sino con el de tránsito, sueño o dormición, lo cual indica que la muerte de María no había sido como la de todos los demás hombres, sino que había tenido algo de particular. Porque aunque de todos los difuntos se decía que habían pasado a una vida mejor, no obstante para indicar ese paso se empleaba siempre la palabra murió, o por lo menos `se durmió en el Señor', pero nunca se le llamaba como a la de la Virgen así, especialmente, y como por antonomasia, el Tránsito, el Sueño”.

Son muchísimos los Sumos Pontífices que han enseñado expresamene sobre la muerte de María. Entre éstos, nuestro Papa Juan Pablo II, quien en su Catequesis del 25 de junio de 1997, titulada por el Osservatore Romano “La Dormición de la Madre de Dios”, nos da más datos sobre la muerte de María en la Tradición:

Santiago de Sarug (+521): “El coro de los doce Apóstoles” cuando a María le llegó “el tiempo de caminar por la senda de todas las generaciones”, es decir, la senda de la muerte, se reunió para enterrar “el cuerpo virginal de la Bienaventurada”.

San Modesto de Jerusalén (+634), despues de hablar largamente de la “santísima dormición de la gloriosísima Madre de Dios”, concluye su “encomio”, exaltando la intervención prodigiosa de Cristo que “la resucitó de la tumba” para tomarla consigo en la gloria .

San Juan Damasceno (+704), por su parte, se pregunta: “¿Cómo es posible que aquélla que en el parto superó todos los límites de la naturaleza, se pliegue ahora a sus leyes y su cuerpo inmaculado se someta a la muerte?”. Y responde: “Ciertamente, era necesario que se despojara de la parte mortal para revestirse de inmortalidad, puesto que el Señor de la naturaleza tampoco evitó la experiencia de la muerte. En efecto, El muere según la carne y con su muerte destruye la muerte, transforma la corrupción en incorruptibilidad y la muerte en fuente de resurrección”.

No es posible, además, ignorar el Arte Cristiano, en el que encontramos gran número de mosaicos y pinturas que han representado la Asunción de María, tratando de hacernos ver gráficamente el paso inmediato de la “dormición” al gozo pleno de la gloria celestial, e inclusive algunos, del paso del sepulcro a la gloria, siendo asunta al Cielo.

2. Según la Liturgia:

De acuerdo a Royo Marín, el argumento litúrgico tiene gran valor en teología, según el conocido aforismo orandi statuat legem credendi, puesto que en la aprobación oficial de los libros litúrgicos está empeñada la autoridad de la Iglesia, la cual iluminada por el Espíritu Santo, no puede proponer a la oración de los fieles fórmulas falsas o erróneas.

Y desde la más remota antigüedad, la liturgia oficial de la Iglesia recogió la doctrina de la muerte de María. Royo Marín refiere dos oraciones “Veneranda nobis...” y “Subveniat, Domine ...” , las cuales estuvieron en vigor hasta la declaración del Dogma (1950) y recogen expresamente la muerte de María al celebrar al fiesta de su gloriosa Asunción a los Cielos. Las oraciones posteriores a la declaración del Dogma, por razones obvias, no aluden a la muerte.

Así decía la oración “Veneranda nobis”: “Ayúdenos con su intercesión saludable, ¡oh, Señor!, la venerable festividad de este día, en el cual, aunque la santa Madre de Dios pagó su tributo a la muerte, no pudo, sin embargo, ser humillada por su corrupción aquélla que en su seno encarnó a tu Hijo, Señor nuestro”.

El Padre Joaquín Cardoso, s.j. tiene esto que decirnos sobre la muerte de María en la Liturgia:

“La Iglesia, pues, tanto la Griega, como la Latina, creyeron siempre, no solamente como posible, sino como regla, en la muerte de María, y en las más antiguas Liturgias de ambas Iglesias se encuentra siempre la celebración y el recuerdo de la muerte de María, con el nombre de la Dormición, Sueño o Tránsito de Nuestra Señora. Porque eso sí: si creían que realmente la Virgen había muerto, indicaban con esa denominación, no usada comúnmente para todas las muertes, que la de la Virgen había tenido algún carácter especial y extraordinario, que es precisamente el de su resurrección inmediata y Asunción a los Cielos”.

“Y como dicen los críticos, aun protestantes ... ya en el Siglo VI era absolutamente general la creencia en la Asunción de María, tal cual lo demuestran las antiquísimas liturgias de todas las Iglesias que tienen, al menos desde el siglo IV, establecida la Fiesta de la Dormición de María”.

3. Según la razón teológica:

Iniciamos este aparte con Juan Pablo II: “¿Es posible que María de Nazaret haya experimentado en su carne el drama de la muerte? Reflexionando en el destino de Maria y en su relación con su Hijo Divino, parece legítimo responder afirmativamente: dado que Cristo murió, sería difícil sostener lo contrario por lo que se refiere a su Madre” (JP II, 25-junio-97).

Cristo, el Hijo de Dios e Hijo de María, murió. Y ¿puede ser la Madre superior al Hijo de Dios en cuanto a la muerte física? Es cierto que la Santísima Virgen María, habiendo sido concebida sin pecado original (Inmaculada Concepción) tenía derecho a no morir. Pero, nos decía Juan Pablo II: “El hecho de que la Iglesia proclame a María liberada del pecado original por singular privilegio divino, no lleva a concluir que recibió también la inmortalidad corporal. La Madre no es superior al Hijo, que aceptó la muerte, dándole nuevo significado y transformándola en instrumento de salvación. ” (JP II, 25-junio-97)

Y Royo Marín remata este argumento de la siguiente manera: “Sin duda alguna, María hubiera renunciado de hecho a ese privilegio para parecerse en todo -hasta en la muerte y resurrección- a su Divino Hijo Jesús.”

El Padre Joaquín Cardoso, s.j. dice al respecto: “María Santísima nunca tuvo pecado, por el privilegio de Dios de su Inmaculada Concepción; por consiguiente, no estaba sujeta a la muerte, como no lo estaba Jesucristo; pero también Ella tomó sobre sí nuestro castigo, nuestra muerte”.

Y Juan Pablo II: “María, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad”. (JP II, 25-junio-97)

4. Por la utilidad de la muerte:

Dice Royo Marín que la muerte de María nos sirve de ejemplo y consuelo. María debió morir para enseñarnos a bien morir y dulcificar con su ejemplo los supuestos terrores de la muerte. Los recibió con calma, con serenidad, aún más, con gozo, mostrándonos que no tiene nada de terrible la muerte para aquéllos que en la vida han cumplido la Voluntad de Dios.

Y Juan Pablo II: “María, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad”. (JP II, 25-junio-97) “La experiencia de la muerte enriqueció a la Virgen: habiendo pasado por el destino común a todos los hombres, es capaz de ejercer con más eficacia su maternidad espiritual con respecto a quienes llegan a la hora suprema de la vida”. (JP II, 25-junio-97)



La Virgen María fue Asunta al Cielo en Cuerpo y Alma
Asunción significa que María fue llevada en cuerpo y alma al cielo por el poder de Dios, a diferencia de la Ascención del Señor que lo hizo por su propio poder.
LA DEFINICION DOGMATICA

El Papa Pío XII, en la Bula Munificentissimus Deus, del 1?XI?1950, proclamó solemnemente el dogma de la Asunción de María con estas palabras:

Pronunciarnos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste" (DZ. 2333).


EXPLICACIÓN DEL CONTENIDO DEL DOGMA

De la definición pontificia conviene destacar dos aspectos importantes:

1° Que la Asunción de María ocurre inmediatamente después del término de su vida mortal y,

2° se hace hincapié en la glorificación de su cuerpo más que en la gloria de su alma, como se explicará a continuación.

Cumplido el curso de su vida terrena

La Asunción de María ocurre inmediatamente después del término de su vida mortal, así pues, para entender correctamente esta frase hay que considerar las siguientes cuestiones:

a) el significado de la fórmula;

b) la intención del Papa al usar dicha fórmula y no otra y,

c) las posibles conclusiones.

a) La fórmula significa que la Asunción de María no hay que aplazarla hasta el final de los tiempos, como sucederá con todos los hombres, sino como hecho que ya ocurrió; y, además que el cuerpo santísimo de la Virgen no sufrió descomposición alguna, como ocurre con los cadáveres.

b) El Papa quiso prescindir de la cuestión de la muerte de María en la fórmula definitoria, y por ello la expresión utilizada es igualmente válida, tanto si se entiende que la Virgen murió al final de su vida terrena, cuanto si se piensa en la glorificación del cuerpo mediante la donación de la inmortalidad gloriosa sin pasar por la muerte.

c) En la Bula aparece repetidas veces el tema de la muerte de María, pero ello ?estudiado bien el texto? no favorece ni niega la postura contraria. Hay que decir, en resumen, que aún no se ha llegado a una solución definitiva sobre este punto.

La glorificación celeste del cuerpo de Santa María

Este es el elemento esencial del dogma de la Asunción. Enseña que la Virgen, al término de su vida en este mundo, fue llevada al cielo en cuerpo y alma, con todas las cualidades y dotes propias del alma de los bienaventurados e igualmente con todas las cualidades propias de los cuerpos gloriosos. Se trata, pues, de la glorificación de María, en su alma y en su cuerpo, tanto si la incorruptibilidad y la inmortalidad le hubieren sobrevenido sin una muerte previa como si le hubiesen sobrevenido después de la muerte mediante la resurrección.

Una vez visto el contenido del dogma, con más fuerza y claridad se aprecia el hincapié que se hace sobre la glorificación corporal de María ?más que la de su alma?, si tenemos en cuenta lo siguiente:

a) María estuvo exenta de todo pecado: del original y del actual;

b) tuvo la plenitud de gracia y santidad correspondientes a su condición y dignidad de ser la Madre de Dios;

c) el premio o castigo del alma ?para todo hombre? es inmediato a la muerte.

Por consiguiente, resulta sencillo entender que el premio del alma de María ?por su excelsa santidad? estaba ya decidido, esto es, su glorificación; por ello, resultaría supérflua la definición si no tratara sobre todo de la glorificación inmediata del cuerpo, que es en lo que consiste el privilegio de la Asunción.

Escribía Pablo VI: "Nuestra aspiración a la vida eterna parece cobrar alas y remontarse a cimas maravillosas, al reflexionar que nuestra Madre celeste está allá arriba, nos ve y nos contempla con su mirada llena de ternura" (Discurso, 15?VIII 1963).

El Concilio Vaticano II se expresa de modo semejante cuando dice: “1a Madre de Jesús, de la misma manera que, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es imagen y principio de la Iglesia que habrá de tener su cumplimiento en la vida futura, así en la tierra precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo, hasta que llegue el día del Señor" (Const. dogm. Lumen gentium, n.68; cfr. Sacrosanctum Concilium, n.103).


FUNDAMENTOS O RAZONES DE ESTE DOGMA

La definición pontificia sobre la Asunción de María estuvo precedida, desde muchos siglos atrás, de múltiples razo nes teológicas y testimonios que llevaron ?en su momento- a la feliz proclamación de este dogma mariano. Las principa les razones fueron las siguientes.

La creencia universal de la Iglesia

Desde los primeros siglos hasta nuestros días, la unani midad de la fe del pueblo cristiano, quedó de manifiesto con la respuesta unánime y afirmativa de todos los obispos del mundo -que a su vez representaba al pueblo fiel de todo el orbe-, a la consulta que sobre la definibilidad de la Asunción de María hiciera el Papa Pío XII en el año de 1949 (cfr. DZ. 2332).


El testimonio de los Padres

La Tradición de la Iglesia, expresada en sus Padres y Doctores, pone de manifiesto su intuición y su fe en esta ver dad, la cual se refleja ejemplarmente en los autores que enseguida se citan.

San Juan Damasceno, en el siglo VII, escribe: "convenía que aquella que en el parto había conservado íntegra su virginidad, conservase sin ninguna corrupción su cuerpo después de la muerte; convenía que aquella que había llevado en su seno al Creador, hecho niño, habitara en la morada celeste; convenía que la Esposa de Dios entrara en la casa celestial; convenía que aquella que había visto a su Hijo en la Cruz, recibiendo así en su corazón el dolor de que había estado libre en el parto, lo contemplase sentado a la diestra del Pa dre; convenía que la Madre de Dios poseyera lo que corresponde a su hijo y que fuera honrada como Madre y esclava de Dios por todas las criaturas (Homilía en la dormición de la Virgen: PG 96,742).

San Germán de Costantinopla, del siglo VII: "Así como un hijo busca y desea estar con la propia madre, y la madre ansía vivir con el hijo, así fue justo también que Tú, que amabas con un corazón materno a tu Hijo y Dios, volvieses a Él. Y fue también muy conveniente que Dios, que te amaba como Madre suya, te hiciere partícipe de la comunidad de vida con Él mismo. De esta forma, Tú, habiendo sufrido la pérdida de la vida, propia de las cosas caducas, has emigrado a las mora das que durarán por los siglos, allí donde mora Dios, junto al que Tú vives, oh Madre de Dios, sin separarte de su compañía" (Homilia in Dormitionem B.V. Mariae).

Recogiendo la doctrina de sus predecesores, Juan Duns Scoto, en el siglo XIV, podía afirmar: "Convenía, Dios podía hacerlo, luego lo hizo" (In III sententiarum, dist. III, q.1; cfr. DZ. 2331).

Los grandes privilegios marianos

El fundamento del dogma de la Asunción de María se desprende y es consecuencia de los anteriores dogmas marianos. En efecto, si por la plena asociación de María a la persona y a la obra de su Hijo se debió su redención anticipada; por esa misma razón, convenía también su glorificación anticipada, su asunción corporal, como veremos enseguida.

a) Por su Inmaculada Concepción

Puesto que María ?por su Inmaculada Concepción? estuvo exenta de todo pecado, no quedaba sujeta a la ley de padecer la corrupción del sepulcro ?castigo del pecado? ni, por consiguiente, tampoco tenía necesidad de esperar la redención de su cuerpo hasta el fin del mundo.

Si la resurrección es el triunfo y el trofeo de la Redención, a una redención preventiva y anticipada, como ocurrió en María, corresponderá también una anticipada resurrección. Por ello, primicias de la redención de Cristo en el alma de María fueron su preservación del pecado y la plenitud de gracia, y primicias, de la redención en su cuerpo fueron su incorruptibilidad y su anticipada glorificación.

b) Por su divina Maternidad

Si Adán y Eva introdujeron en el mundo la muerte del alma, que es el pecado y, con él también la muerte del cuerpo, que es la corrupción; Cristo, por el contrario, introduce la vida del alma ?que es la gracia?, y la inmortalidad del cuerpo por medio de la resurrección. Por estas dos consideraciones, María que es Madre de Cristo y Madre de los hombres, es lógico que la que es causa de vida y antídoto contra la muerte, Ella, no permanezca en el sepulcro presa de la misma muerte.

Así pues, dado que nuestro Redentor es hijo de María, su glorificación anticipada parece ser exigida: Cristo que pu diendo dar a su Madre tanto honor y tanta gloria, necesariamente lo hizo.

"No era tampoco admisible que Tú, Vaso que contuvo a Dios, fueses disuelta en el polvo de la corrupción, que destruye todos los cuerpos... Era necesario que la Madre de la Vida cohabitase con la Vida y recibiese la muerte como un sueño y, en tanto que Madre de la Vida, fuese su traslado como el despertar" (San Germán de Constantinopla, Homilia in Dormitionem B.V. Mariae).

c) Por su perpetua virginidad

Finalmente la virginidad perpetua de María, nos conduce a la conveniencia de su incorruptibilidad. Cuando pensamos en el cuerpo santísimo de María, tan divinamente poseído de Dios, no se concibe que sea presa de la corrupción; por ello puede afirmarse que su misma virginidad exige los esplendores de la glorificación corporal.


CONSECUENCIAS PARA LA FE Y LA PIEDAD

a) La Asunción de la Virgen es un argumento prueba de que todos los hombres, de los que Ella es Madre, estaremos también en el Cielo con nuestro cuerpo glorificado: si apren demos a gastar la vida en el cumplimiento de la voluntad de Dios como lo hizo Santa María.

b) María es nuestra esperanza, pues en Ella se ha dado con plenitud lo que todo hombre está llamado a ser al final de los tiempos. María es nuestro consuelo, ya que podemos dirigirnos a aquella que antes de nosotros recorrió este valle de lágrimas y ahora fija sus ojos en la luz eterna. María es nuestro refugio porque con su ternura nos devuelve la paz y, por su poderosa intercesión nos sabemos amparados. Glorificada anticipadamente, vive en el Cielo con una solicitud maternal y amorosa por todos sus hijos.

"Subió al cielo nuestra Abogada, para que, como Madre del Juez y Madre de Misericordia, tratara los negocios de nuestra salvación" (San Bernardo, Hom. en la Asunción de la B.V. María).

sábado, 1 de diciembre de 2007

Feliz Navidad 2007


Cuando los Ángeles
los dejaron, los Pastores se decían unos a otros:
Vamos derechos a Belén, a ver esto que ha pasado
y que nos ha comunicado el Señor.¨ Lc. 2, 15


Queridos Hermanos
Alegrémonos por la presencia de Jesucristo entre nosotros: Enmanuel.

En medio de nuestras limitaciones y precariedades está el amor de Dios, haciendo nacer un mundo nuevo; es nuestra tarea reconocer esta Presencia misteriosa pero real.

Compartimos con ustedes nuestras últimas noticias: El pasado 15 de octubre celebramos con mucho gozo nuestra Bodas de Plata, ¡cuantos detalles del Amor de Dios a través de ustedes, hemos experimentados su calor y cercanía, ¡Gracias de corazón!
Nuestro Capítulo Trienal se llevó acabo el 18 de noviembre y los resultados fueron los sgts.
Priora Hna. María José Bernal, 1ª Consejera Hna. Myrna de Jesús, 2ª Consejera Hna. María Isabel Ceballos, 3ªConsejera Hna. Rosa De Oleo, 4ª Consejera Hna. Arelys De Oleo, Maestras de Novicias Hna. María Isabel Ceballos,
Ecónoma Hna. Teresita de la Cruz.
Damos gracias a Dios por nuestro nuevo Padre General Fernando Millán y su consejo; Por la tan esperada Ratio y nuestro nuevo Delegado General P. Josef Jancár.
El día después de nuestras Bodas de Plata nuestro País fue azotado por la tormenta Noel, causando mucho daño. En medio de este doloroso acontecimiento hemos visto la presencia de Jesús en la generosidad de tantas personas, y lo más hermoso:

La primera ayuda que han recibido los más afectados vino del pueblo de Jimaní, pobrísimo, que antes habían pasado por una situación peor. Dios está con nosotros y se manifiesta en el corazón que ama... desde su pobreza.

El Padre nos regale a todos una Navidad iluminada por la esperanza y un nuevo año 2008 con los ojos fijos en Aquel que ha dicho: ¨Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo¨.

¡Felicidades!

Hna. María José y Comunidad.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Lectio Divina

1º Domingo de Adviento (A)


Estar siempre preparados
Dios puede llegar en cualquier momento
Mateo 24, 37-44

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

En la liturgia del primer domingo de Adviento, la Iglesia nos pone delante una parte del discurso de Jesús sobre el fin del mundo. Adviento significa Venida. Es el tiempo de la preparación para la venida del Hijo del Hombre en nuestra vida. Jesús nos exhorta a estar vigilantes. Nos pide estar atentos a los sucesos para descubrir en ellos la hora de la venida del Hijo del Hombre.
En este principio del Adviento, es importante purificar la mirada y aprender de nuevo a leer los acontecimientos a la luz de la Palabra de Dios. Y esto, para no ser sorprendidos, porque Dios puede venir sin avisar, cuando menos lo esperamos. Para ilustrar cómo deberíamos estar atentos a los acontecimientos, Jesús se apoya en el episodio del diluvio en tiempos de Noé.
En el curso de la lectura del texto, prestaremos atención a las comparaciones de las que se sirve Jesús para trasmitir su mensaje.

b) Una división del texto para ayudarnos en la lectura:

Mateo 24, 37-39: La venida del Hijo del Hombre será como en los día de Noé
Mateo 24, 40-41: Jesús aplica la comparación a aquellos que lo escuchan
Mateo 24, 42: La conclusión: ¡Vigilad!
Mateo 24, 43-44: La comparación para recomendar la vigilancia

c) El texto:

37 «Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. 38 Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, 39 y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. 40 Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; 41 dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada.
42 «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. 43 Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. 44 Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

i) ¿Cuál es la parte del texto que te ha llamado más la atención? ¿Por qué?
ii) ¿Dónde, cuándo y porqué Jesús ha pronunciado este discurso?
iii) ¿En qué consiste exactamente la vigilancia a la que nos exhorta Jesús?
iv) “Una persona será tomada y otra será dejada”. ¿Qué quiere enseñar Jesús con esta afirmación?
v) Al tiempo de Mateo, las comunidades cristianas esperaban la venida del Hijo del Hombre en cierto modo. Y hoy, ¿cuál es nuestro modo de esperar la venida de Jesús?
vi) ¿Cuál es, según tu parecer, el centro o la raíz de esta enseñanza de Jesús?

5. Para los que desean profundizar más en el tema

a) Contexto del discurso de Jesús:

El Evangelio de Mateo: En el Evangelio de Mateo hay cinco grandes discursos, como si fuesen una nueva edición de los cinco libros de la Ley de Moisés. El texto que meditamos en este domingo forma parte del quinto Discurso de esta Nueva Ley. Cada uno de los cuatro discursos precedentes ilumina un determinado aspecto del Reino de Dios anunciado por Jesús. El primero: La justicia del Reino es la condición para entrar en el Reino (Mt del 5 al 7). El segundo: la misión de los ciudadanos del Reino (Mt 10). El tercero: la presencia misteriosa del Reino en la vida de la gente (Mt 13). El cuarto: vivir el Reino en comunidad (Mt 18). El quinto Sermón habla de la vigilancia en vista de la venida definitiva del Reino. En este último discurso, Mateo sigue el esquema de Marcos (cf Mc 13,5-37), pero añade algunas parábolas que hablan de la necesidad de la vigilancia y del servicio, de la solidaridad y de la fraternidad.

La espera de la venida del Hijo del Hombre: Al final del primer siglo, las comunidades vivían en la espera de la venida inmediata de Jesús (1 Tes 5,1-11). Basándose en algunas frases de Pablo (1 Tes 4,15-18) había personas que dejaron de trabajar pensando que Jesús estaba ya para llegar (2 Tes 2,1-2; 3,11-12). Ellos se preguntaban: Cuando venga Jesús ¿seremos levantado como Él al cielo? ¿Seremos tomados o dejados? (cfr Mt 24, 40-41). Había un clima semejante al de hoy, en el que muchos se preguntan: “Este terrorismo ¿es signo de que se acerca el fin del mundo? ¿Qué hacer para no ser sorprendidos?” Una respuesta a estas preguntas y preocupaciones nos vienen de las Palabras de Jesús, que Mateo nos transmite en el evangelio de este domingo.

b) Comentario del texto:

Mateo 24, 37-39: Jesús compara la venida del Hijo del Hombre a los días del Diluvio
“Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre”. Aquí, para aclarar su llamada a la vigilancia, Jesús recurre a dos episodios del Antiguo Testamento: Noé y el Hijo del Hombre. Los “días de Noé” se refieren a la descripción del Diluvio (Gén 6,5 a 8,14). La imagen del “Hijo del Hombre” viene de una visión del profeta Daniel (Dan 7,13). En los días de Noé, la mayoría de las personas vivían sin preocupaciones, sin darse cuenta que en los acontecimientos se acercaba la hora de Dios. La vida continuaba “ y no se dieron cuenta, hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos”.
Y Jesús concluye: “Así será también la venida el Hijo del hombre”. En la visión de Daniel, el Hijo del Hombre vendrá de improviso sobre las nubes del cielo y su venida decretará el fin de los imperios opresores, que no tendrán futuro.

Mateo 24,40-41: Jesús aplica la comparación a los que escuchaban
“Entonces estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado”. Estas frases no deben ser tomadas literalmente. Es una forma para indicar el destino que las personas recibirán según la justicia de las obras por ellos practicadas. Algunos serán tomados, o sea, recibirán la salvación y otros no la recibirán. Así sucedió en el diluvio: “solo tú has sido justo en esta generación (Gen 7,1). Y se salvaron Noé y su familia.

Mateo 24,42: Jesús aporta la conclusión: ¡Vigilad!
Es Dios el que determina a hora de la venida del Hijo. Pero el tiempo de Dios no se mide con nuestro reloj o calendario. Para Dios, un día puede ser igual a mil años y mil años iguales a un día (Si 90,4; 2 Pe 3,8). El tiempo de Dios (kairós) es independiente de nuestro tiempo (cronos). Nosotros no podemos interferir el tiempo de Dios, pero debemos estar preparados para el momento en el que la hora de Dios se hace presente en nuestro tiempo. Puede ser hoy, puede ser de aquí a mil años.

Mateo 24, 43-44: Comparación: El Hijo del Hombre vendrá cuando menos se espera
Dios viene cuando menos se espera. Puede suceder que Él venga y la gente no se dé cuenta de la hora de su llegada. Jesús pide dos cosas: la vigilancia siempre atenta y al mismo tiempo, la dedicación tranquila de quien está en paz. Esta actitud es señal de mucha madurez, en la que se mezclan la preocupación vigilante y la tranquila serenidad. Madurez que consigue combinar la seriedad del momento con el conocimiento de la relatividad de todo.

c) Ampliando información para poder entender mejor el texto:

¿Cómo vigilar para prepararse? - Nuestro texto va precedido de la parábola de la higuera (Mt 24,32-33). La higuera era un símbolo del pueblo de Israel (Os 9,10; Mt 21,18). Cuando pide que se observe a la higuera, Jesús pide observar y analizar los hechos que están sucediendo. Es como si Jesús nos dijese: “Vosotros debéis aprended de la higuera a leer los signos de los tiempos y así descubriréis dónde y cuándo Dios entra en vuestra historia”.

La certeza que nos viene comunicada por Jesús – Jesús nos deja una doble certeza para orientar nuestro camino en la vida: (1) llegará el fin con seguridad; (2) ninguno sabe ciertamente ni el día ni la hora del fin del mundo. “ Porque en cuanto a la hora y al día ninguno lo sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni tampoco el Hijo, sino sólo el Padre” (Mt 24,36). A pesar de todos los cálculos que puedan hacer los hombres sobre el fin del mundo, ningún cálculo da la certeza. Lo que da seguridad no es el conocimiento de la hora del fin, sino la Palabra de Jesús presente en la vida. El mundo pasará, pero su palabra no pasará jamás (cfr Is 40, 7-8).

¿Cuándo vendrá el fin del mundo? - Cuando la Biblia habla del “fin del Mundo”se refiere, no al fin del mundo, sino al fin de un mundo: Se refiere al fin de este mundo, donde reina la injusticia y el poder del mal que amargan la vida. Este mundo de injusticia tendrá fin y a su puesto vendrá “un cielo nuevo y una tierra nueva”, anunciados por Isaías (Is 65,15-17) y previsto por el Apocalipsis (Ap 21,1). Ninguno sabe cuándo ni cómo será el fin de este mundo (Mt 24,36), porque ninguno sabe lo que Dios tiene preparado para los que le aman (1 Cor 2,9). El mundo nuevo de la vida sin muerte supera todo, como el árbol supera a su simiente ( 1 Cor 15,35-38). Los primeros cristianos estaban ansiosos por asistir a este fin (2 Tes 2,2). Seguían mirando al cielo, esperando la venida de Cristo (Act 1,11). Algunos ya no trabajaban (2 Tes 3,11). Pero, “no nos corresponde a nosotros conocer los tiempos y momentos que el Padre tiene reservado en virtud de su poder” (Act 1,7). El único modo de contribuir a la venida del fin “de modo que puedan llegar los tiempos de la consolación” (Act 3,20), es dar testimonio del Evangelio en todo lugar, hasta los extremos confines de la tierra (Act 1,8).

6. Oración: Salmo 46 (45)

“¡Dios está con nosotros! ¡No temamos!”

Dios es nuestro refugio y fortaleza,
socorro en la angustia, siempre a punto.
Por eso no tememos si se altera la tierra,
si los montes vacilan en el fondo del mar,
aunque sus aguas bramen y se agiten,
y su ímpetu sacuda las montañas.

¡Un río!
Sus brazos recrean la ciudad de Dios,
santifican la morada del Altísimo.
Dios está en medio de ella, no vacila,
Dios la socorre al despuntar el alba.
Braman las naciones, tiemblan los reinos,
lanza él su voz, la tierra se deshace.

¡Con nosotros Yahvé Sebaot,
nuestro baluarte el Dios de Jacob!
Venid a ver los prodigios de Yahvé,
que llena la tierra de estupor.

Detiene las guerras por todo el orbe;
quiebra el arco, rompe la lanza,
prende fuego a los escudos.
«Basta ya, sabed que soy Dios,
excelso sobre los pueblos, sobre la tierra excelso».

¡Con nosotros Yahvé Sebaot,
nuestro baluarte el Dios de Jacob!

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Significado de la Corona de Adviento

Celebración del Adviento

En muchas casas vemos que antes de Navidad ponen como centro de mesa una corona con velas. Además de ser un elemento decorativo, esta corona anuncia que la Navidad está cerca y debemos prepararnos.
La costumbre es de origen pagano, esta corona representaba el ruego al sol para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los cristianos, para prepararnos a la venida de nuestra LUZ y VIDA, la Natividad del Señor, aprovechamos esta "Corona de adviento" como medio para esperar a Cristo y rogarle infunda en nuestras almas su luz.
El círculo es una figura geométrica perfecta que no tiene ni principio ni fin La corona de adviento tiene forma de círculo para recordarnos que Dios no tiene principio ni fin, reflejando su unidad y eternidad. Nos ayuda también a pensar en los miles de años de espera desde Adán hasta Cristo y en la segunda y definitiva venida; nos concientiza que de Dios venimos y a Él vamos a regresar.
El follaje verde perenne (que puede ser de ramas de pino, oyamel o hiedra) representan que Cristo está vivo entre nosotros, además su verde color nos recuerda la vida de gracia, el crecimiento espiritual y la esperanza que debemos cultivar durante el Adviento.
Las cuatro velas representan los cuatro domingos de Adviento. Las tres primeras que se encienden son de color morado para recordarnos el espíritu de vigilia, penitencia y sacrificio que debemos tener par prepararnos a la llegada de Cristo. La última es de color rosa o blanco y manifiesta la alegría de que el nacimiento del Señor está muy cerca. El día de Navidad las velas moradas son substituidas otras de color rojo que simboliza el espíritu festivo de la reunión familiar. En algunos todas las velas se substituyen por velas rojas y en el centro se coloca una vela blanca o cirio simbolizando a Cristo como centro de todo cuanto existe.
La luz de las velas simboliza la luz de Cristo que desde pequeños buscamos y que nos permite ver, tanto el mundo como nuestro interior. Cuatro domingos antes de la Navidad se prende la primera vela. Cada domingo se enciende una vela más. El hecho de irlas prendiendo poco a poco nos recuerda como conforme se acerca la luz las tinieblas se van disipando, de la misma forma que conforme se acerca la llegada de Jesucristo que es luz para nuestra vida se debe ir esfumando el reinado del pecado sobre la tierra. La luz de la vela blanca o del cirio que se enciende durante la Noche Buena nos recuerda que Cristo es la Luz del mundo. El brillo de la luz de esa vela blanca en Navidad nos recuerda como en la plenitud de los tiempos se cumple el “ADVIENTO DEL SEÑOR”

lunes, 19 de noviembre de 2007

Adviento

El Adviento, preparación para la Navidad
Tiempo para prepararse y estar en gracia para vivir correctamente la Navidad


El Adviento, preparación para la Navidad

Significado del Adviento

La palabra latina "adventus" significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.

El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Esta es su triple finalidad:

- Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.

- Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.



- Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la "majestad de su gloria". Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creido en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:

Revisión: Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.

Proyección: En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.
Algunas ideas para vivir el Adviento
La Corona de Adviento

Algo que no debes olvidar

El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.
El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.

Cuida tu fe

Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.
De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.

jueves, 15 de noviembre de 2007

El Carmelo Escula de Santidad

ESCUELA DE SANTIDAD



El ilustre cardenal Mercier, arzobispo de Malinas, a. volver de Roma, en donde había asistido a la canonizadónde Sta. Juana de Arco, quiso pararse en peregrinación en el convento carmelita de Dijón. Al mostrarle en la sala Capitular un cuadro de la Beata Isabel de la Trinidad, preguntó el cardenal:

-¿Cuanto tiempo pasó en el Carmelo?
- "Cinco años, eminencia", respondió la Madre Priora.

Y el cardenal, sonriendo, comentó:
- "Aquí se llega a ser santas muy deprisa".

¿Quiénes son los Santos?
"Los únicos personajes de utilidad pública".
"Los que, por sus oraciones, la lluvia cae sobre la tierra, ésta se cubre de verdor y los árboles se cargan de frutos".
"EI mundo seguirá existiendo gracias a la oración de los Santos".

"Los Santos son siempre el honor de su Madre la Iglesia, porque irradian a la humanidad entera un influjo en gran manera bienhechor".

"Jesucristo hace que existan los Santos para produciró aumentar en nosotros la gracia y contribuir de este modo a nuestra santificación".

"EI mayor beneficio de los Santos es su vida misma, que estimula a los demás a imitar sus ejemplos".

Todos estamos llamados a la santidad
Lo ha dicho Jesucristo: Sed santos como el Padre celestial es santo" (Mt. 5,48).

"Sed misericordiosos como el Padre Celestial es misericordioso" (Lc. 6,36).

Y San Pablo: "Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación" (1 Tes 4,3; Ef 1,4).

El Concilio Vaticano II nos ha recordado que "todosestamos llamadosa la santidad" (L. G. cap. 5).

¿Es fácil ser santo?
Sí y no.

Un Santo es un hombre que ha tomado el Evangelio en serio, y esto no es fácil.

El Santo no nace santo. Se hace santo. La santidad es un camino largo, duro y perseverante. No consiste en hacer "cosas raras" o "extraordinarias", sino en hacerlas cosas ordinarias "extraordinariamente bien hechas", como dijo el papa Benedicto XV a aquel cardenal que ponía sus reparos a incoar el proceso de beatificación de la futura Santa Teresa del Niño Jesús.

Lo dijo Pemán bellamente en El Divino Impaciente: "La santidad es hacer sencillamente lo que tenemos que hacer".

La iglesia tiene corno una de sus cuatro notas constitutivas la santidad, luego es absolutamente necesario que en la Iglesia de todos los tiempos abunden los santos.

Hoy más que nunca, la Iglesia, el mundo, tienen necesidad de almas santas.

El Carmelo, en sus casi ocho centurias de vida, fue siempre escuela de santidad.
"¡Cuántos santos en el cielo llevan nuestro Hábito! Abrigamos la esperanza de hacernos, con la gracia de Dios, semejantes a ellos" (Sta. Teresa, Fund. 29,33).

De Teresita González Quevedo, carmelita muerta en 1950, afirmó su amiga Carmen Aguado: "Siempre decía que se había ido a carmelita para ser santa".

El Carmelo ha aportado a la Iglesia un acervo riquísimo de doctrina espiritual, pero seria muy poca cosa si esta sublime doctrina carmelitana no la hubiera confirmado con la santidad de su vida, es decir, la de sus hijos.

A finales del siglo XV, un sabio benedictino, el célebre humanista, abad Juan Tritemio (+1516), escribió una obrita laudatoria del Carmelo, con la noble intención de que tanto la juventud carmelitana como los detractores de la Orden, conocieran la cantidad y calidad de varones ilustres que ha dado el Carmelo a la Iglesia: aquéllos para que los imitasen, y éstos para hacerles callar, al conocer que el Carmelo era escuela de ciencia y virtud.

En ella hacía esta hiperbólica afirmación: "Si hay quien pueda contar las estrellas del firmamento, ése podría contar los santos del Carmelo".

Esta exagerada afirmación no lo será tanto si tenemos presente, que no sólo los religiosos, monjas, religiosas de las dos Ramas carmelitanas son miembros del Carmelo, sino cuantos seglares de una u otra forma viven de su espíritu y visten su Escapulario.

¿Cómo se ha vivido y ensenado la santidad en esta palestra del Carmelo?
La gran doctora Santa Teresa dirá que la más santa será "quien con más mortificación y humildad y limpieza de conciencia sirva a Nuestro Señor"
Dos meses antes de morir, santa Teresa del Niño Jesús nos dará una clara y tajante lección al decirnos: "Noreside en esta o aquella práctica, sino que consisíte en una disposición del corazón, que nos hace humildes y pequeñitos en los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad y confiados, hasta la audacia, en su bondad de Padre".

Este caminito espiritual de simplicidad y confianza sin limites en la bondad del Padre Celestial lo vivieron todos los santos del Carmelo.

Exhortación a la santidad
Para ser santos hemos abrazado la vocación del Carmelo. Los papas han presentado repetidas veces al Carmelo como ESCUELA DE SANTIDAD y nos han animado a los carmelitas a sacar nota sobresaliente en esta asignatura. Nos limitamos a recordar estas tres citas del inmortal Pío XII:

El 23.9.1951: "Nos, con el afecto de nuestro amor paternal, elevadas las manos a la excelsa Patrona la Virgen del Monte Carmelo y a los numerosos y grandes santos que este Instituto produjo, les éncomendamos a vuestras personas y a vuestras empresas".

El 16.7.1952, después de citar a varios santos carmelitas:

"A este escogidisimo conjunto (de los santos del Carmelo) hay que añadir otros casi innumerables ejemplos, que si bien no brillan externamente con tan grande fulgor, sin embargo se os proponen como dignos de imitación con frutos saludables... y confiamos que las coronas de santidad cuyo fulgor tanto ha brillado a lo largo de todos estos tiempos, se verán aumentadas por nuevas flores y nuevos frutos que atestiguan cada día la virtud potente de vuestro Instituto; para lograr todo esto, sírvaos de guía y medianera de gracias celestiales la Santísima Virgen Maria bajo la advocación del Carmelo".

En el Año santo del Escapulario, 1950-1951, ante muchos miles de religiosos y seglares carmelitas: "Nosos exhortamos a caminar siempre adelante de una manera digna de vuestra vocación siguiendo las pisadas de los grandes santos que el Carmelo ha dado a la Iglesia" (6.8.1950).

Santificádor de los demás
El Carmelo no se ha contentado con producir almas santas, sino que ha trabajado por hacer que también otros lo fueran con su oración, sacrificio y apostolado. Los grandes santos y escritores del Carmelo han contribuido grandemente con sus vidas y sus obras maravillosas a embellecer y a aumentar esta nota de la santidad eclesial.

Pero sobre todo ha contribuido a ello por medio de ese "Cahalde gracias" que es el santo Escapulario del Carmen. Baste recordar estos dos testimonios del gran Pio XII:

El 6.8.1950: "La devoción del Escapulario del Carmen ha hecho descender sobre el munto una copiosa lluvia de gracias espirituales y temporales".

Al trasladar en 1951 las reliquias de San Simón Stock de Burdeos (Francia) a Aylesford (Inglaterra): "A la luz de esta aparición, inumerables multitudes por todo el mundo se mantienen firmes en las luchas de esta vida y se encaminan a través de las tinieblas y sombras de la muerte, al Monte de Dios".

Concluimos recordando que "si somos hijos de los santos y esperamos su mis ma vida" (Tob 2,18), estamos obligados a cumplir el consejo quenos da el célebre santo del Carmelo Bto. Bautista Mantuano (+1516): "Estos varones del Carmelo nos fueron dados como modelos para que los imitemos, y, conocedores de sus gestas, despertemos de nuestro letargo".

Que es lo que con otras palabras decía nuesta gran Santa Teresa de Jesús: "No hagamos tanto agravio a nuestros Santos Padres pasados que dejemos de conformarnos con ellos" (Fund. 14,5)

San Pablo nos recuerda: "Dios nos llamó con vocación santa, no por nuestros méritos, sino por Jesucristo" (2Tim 1, 9).

Al final de este librito tendremos un recuerdo de la Fiesta de Todos los Santos carmelitas, que celebramos el 14 de noviembre de cada año. Al Señor oramos en la colecta de la Misa:

"... Concédenos propicio que, por sus elemplos y méritos, viviendo tan sólo para Ti, en continua meditación de tu Ley y pedecta abnegación, podamos llegar, luntamente con ellos, a la feilcidad de la vida eterna. Amén.", que, en otras palabras, es: "podamos llegar a ser santos como ellos lo fueron".